No sólo de samba vive el hombre. Los alemanes también tienen su carnaval. Esta fiesta se vive cada año con mucha intensidad aquí, especialmente en las ciudades de Bonn y Colonia, coronadas por el paso del Rin.
En Alemania, las fiestas carnestolendas no son sólo para los niños. Los adultos también ponen mucho esfuerzo en ellas y pueden pasar horas buscando el mejor disfraz en las grandes tiendas por departamentos, como Karstadt o Galleria. Uno ve de todo: osos, conejos, cochinitos, cambures gigantes, legiones de vaqueros e indios, mariachis y pare usted de contar. Pero sobre todo, payasos. Pareciera que los payasos juegan un papel importante en esta celebración. Es el disfraz más popular y los hay de todo tipo: de colores, solo negros, solo blancos y hasta con narices que se iluminan con baterías desechables.
En Colonia, según me han contado porque nunca he ido, el carnaval está signado por una borrachera permanente y un nivel de desorden épico en las calles. Ténganlo en cuenta si su plan es pasar un carnaval extremo.
Pero en Bonn la cosa es más tranquila. El lunes de carnaval, al grito de Kamelle! (¡Caramelos!), grandes y chicos se reúnen en el centro de la ciudad para ver pasar una caravana de 5 horas de duración con todo tipo de atracciones: grandes carrozas, tractores gigantes, bandas de guerra y lo más importante: dulces de todo tipo. Se llama Kamelle por una razón, ¿no? Por horas uno ve pasar camiones llenos de caramelos y protegidos con varios candados a los que sólo los repartidores tienen acceso. Es importante llevarse una bolsa bien grande para atajar todo lo que le lancen. Al final seguro que sin mucho esfuerzo saca un par de kilos de chocolates y gomitas de osito.
El carnaval en Bonn es lindo porque los pequeños se divierten y los grandes sacan ese niño interno que todos llevamos por dentro. Aquí les dejo algunas fotos que Gerhard me dejó hacer con su cámara durante la fiesta y que luego editó para que pudiera mostrarles.
¡Kamelle para todos!
En Alemania, las fiestas carnestolendas no son sólo para los niños. Los adultos también ponen mucho esfuerzo en ellas y pueden pasar horas buscando el mejor disfraz en las grandes tiendas por departamentos, como Karstadt o Galleria. Uno ve de todo: osos, conejos, cochinitos, cambures gigantes, legiones de vaqueros e indios, mariachis y pare usted de contar. Pero sobre todo, payasos. Pareciera que los payasos juegan un papel importante en esta celebración. Es el disfraz más popular y los hay de todo tipo: de colores, solo negros, solo blancos y hasta con narices que se iluminan con baterías desechables.
En Colonia, según me han contado porque nunca he ido, el carnaval está signado por una borrachera permanente y un nivel de desorden épico en las calles. Ténganlo en cuenta si su plan es pasar un carnaval extremo.
Pero en Bonn la cosa es más tranquila. El lunes de carnaval, al grito de Kamelle! (¡Caramelos!), grandes y chicos se reúnen en el centro de la ciudad para ver pasar una caravana de 5 horas de duración con todo tipo de atracciones: grandes carrozas, tractores gigantes, bandas de guerra y lo más importante: dulces de todo tipo. Se llama Kamelle por una razón, ¿no? Por horas uno ve pasar camiones llenos de caramelos y protegidos con varios candados a los que sólo los repartidores tienen acceso. Es importante llevarse una bolsa bien grande para atajar todo lo que le lancen. Al final seguro que sin mucho esfuerzo saca un par de kilos de chocolates y gomitas de osito.
El carnaval en Bonn es lindo porque los pequeños se divierten y los grandes sacan ese niño interno que todos llevamos por dentro. Aquí les dejo algunas fotos que Gerhard me dejó hacer con su cámara durante la fiesta y que luego editó para que pudiera mostrarles.
¡Kamelle para todos!









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