Ayer cumplí una semana de haber llegado a Alemania. Primero la cita con la oficina de Ciudadanía, para el registro de Residencia. Eso me llevó 30 minutos. Al salir me dieron la bienvenida y me regalaron un montón de cupones para ir gratis a cuanto museo hay en Bonn, un registro gratis en la biblioteca municipal y hasta una entrada para un concierto, aprovechando la agenda del Beethovenfest.
Pero luego descubrir que necesito una cédula expedida por Extranjería y que la cita más pronta que me pueden dar es para dentro de un mes, trastocó por completo mi agenda. De eso depende mi permiso de trabajo. ¿Y ahora qué hacer?
"Relax, take it easy! Take a chill pill!", me dijo Gerhard. "You now have the time to do things that you couldn't in Caracas. Go to a café, read a book, take a walk along the Rhine, that kind of stuff... You need to discover what you want to do".
Buen punto. En Caracas estamos tan ocupados tratando de sobrevivir que nadie tiene tiempo de descubrir lo que quiere o le gustaría hacer. ¿Leer un libro? ¿Ver pasar a la gente desde un café mientras bebes un capuccino? Ni soñarlo.
Pero como la espera es larga, decidí tomar su consejo. Esta semana comienzo un curso de alemán en el nivel B1, luego de haber aprobado ya el A2 hace varios meses. Y como Gerhard tiene que estudiar, estoy buscando una compañera alemana que quiera ir a tomarse un café conmigo y me ayude a practicar. Ofrezco a cambio enseñarle español y contarle todas las cosas fantásticas que pasan en América Latina. Tandem, que le llaman.
Por ahora, una taza de té y mirar las noticias en esta fría tarde de domingo. Ya veremos cómo me va con el otoño.


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